¿Qué esperar?

Es cuestión -creo- de aceptar o no las responsabilidades. Las responsabilidades el padre para con sus hijos, de líderes religiosos para con sus feligreses y no es caso ajeno, el de los dirigentes políticos para con el pueblo y/o quienes representan.

Padres que hacen caso omiso al cargo de conciencia generado de sus actos.
Líderes religiosos los cuales quiebran la lealtad y les fallan en actitud moral al grupo social del que forman parte.
Dirigentes políticos que siembran su ética profesional y moral en el terreno desértico para dar paso al cinismo y la corrupción.

Grupos y seres que son la “guía“, ejemplo a seguir, camino, luz iluminadora. Que poseen un rol mientras vida tengan. Pero no todos aceptan esto, no todos ellos aceptaron el peso que conlleva poseer dicho rol, ni tampoco todos fueron, son ni serán capaces de salir victoriosos ante las adversidades y la ejecución satisfactoria de sus responsabilidades.

Quizás un religioso diría “sólo en Dios se puede confiar” pero ¿no es Dios quien va colocando y extrayendo de manera planificada estas personas a lo largo de tu vida? O será que ¿Dios las pone en un buen momento y luego se corrompen así mismas para que luego sean desechados?

Son humanos, pueden fallar, van a fallar. Pueden cometer errores y pueden hasta arrepentirse al no lograr las expectativas puestas en ellos. De igual forma, somos humanos los que observamos inclinando la vista hacia arriba. Quizás, no todos aceptamos seguir a estas personas que nos han sido situadas en nuestras vidas, quizás sí. Lo más claro e inevitable es asumir que nosotros también pudimos haber cometido errores y que así como “los de arriba” cometen errores y le fallan a quienes los siguen, podemos sentirnos decepcionados, recapacitar y continuar otro camino. Sí, cambiar el guía, cambiar el camino, tomar otra ruta hacia el rumbo que ya tienes claro y que no pudiste alcanzar ahora porque te equivocaste al elegir tu guía y mentor.

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